
Vivimos en ese vacío. Intuyo, que los creadores, tenemos la necesidad constante de expresarnos frente al continuo cambio, es decir, la transformación. De ahí que estemos de alguna manera obligados a encontrar estructuras nuevas, como reacción a las ambigüedades, incertidumbres y miedos del ahora y el aquí. Se trata, por así decirlo, de un acto violento de la expresión artística en sí. Insisto, necesitamos nuevas estructuras, para abarcar aquello en lo que nos estamos convirtiendo. Estoy seguro de que serán los creadores, los encargados de inventar estas estructuras que modifiquen el tejido social. Un nuevo orden, donde poder tener un futuro habitable.
Se diría que el mundo contemporáneo es incapaz de digerir su realidad, e intenta de manera desesperada explicarla y conducirla según caminos y principios que pertenecen a otra circunstancia, a otra realidad. Y es aquí, a partir de esta realidad efímera donde media un pragmatismo atento a una constante explicación de los procesos antes que el análisis de las causas de los conflictos. Importa más conocer la hora de salida y de llegada que las razones por las cuales se viaja. Diría que es la imagen misma del mundo la que está en crisis, la que avanza sobre una virtualidad que nos deja, como seres humanos, al margen. Y a partir de aquí se me ocurren ciertas preguntas estúpidas como: ¿Qué mundo representamos? ¿Qué convenciones culturales aceptamos para poder representarlo? ¿Hasta dónde el creador está sujeto a una visión convencional absurda que le impide mirar con sus propios ojos? Y ya para acabar, una última pregunta estúpida más. ¿Dónde están las personas, dónde sus conciencias? Reflexionando, he decidido partir de la necesidad de construir, por eso intento hablar de lo que me importa, sin dejarme arrastrar por ese maldito lastre informativo asumido como nuestra identidad. Yo soy ahora, aquí , este es mi espacio-tiempo. Mi pensamiento es un pensamiento sin mapas, de ahí que la dramaturgia que me interesa, o lo que es lo mismo, el teatro que defiendo, no puede hacer de la historia de las formas y de las palabras su propia cárcel. Esto sucede en todo tipo de manifestación artística, que sea auténtica claro. Pero volviendo al teatro que es la herramienta que manejo ahora. Si el espectador va al teatro sólo para reconocer las habitaciones, las cortinas y el cenicero de su casa, estamos jodidos, fracasados, antes del propio inicio. Debido al asco que siento por esto, hemos decidido, crear un laboratorio propio. TÁBATHA, parte de la idea de hibridación, no la hibridación en sí, como algo estético. Hibridación como algo mental, casi universal. Antes he hablado del asco que sentía por la cultura, por ese flujo de interacciones, apropiaciones, traspasos y enlaces que lo obstaculizan constantemente. Lo que entendemos por unidad de la cultura, es mentira, es una puta telaraña de contradicciones , un estar siempre en la identidad falsa, una máscara absurda que se alimenta siempre de la conciencia de los mediocres. Por poner un ejemplo, ahí tenéis la excitada indiferencia de las televisiones, asco, asco a la indiferencia de los idiotas. Diversidad. LA DIVERSIDAD, es la primera de nuestras pulsiones al enfrentarnos al hecho creativo. Explorar, tejer, transformar la cortina que nos divide de los otros, en un velo a través del cual, esos otros puedan mirar y descubrir su propia visión. Para esto se hace necesaria la idea de DEVASTACIÓN, intentar escuchar esa voz extraña que no es nuestra y no es no-nuestra a la vez.
El lenguaje, siempre ha de intentar llenar el vacío, construyendo grandes muros hechos de grandes significados, frente al estruendoso silencio sin más. Ya lo dijo Shakespare: “nada humano me es ajeno”. Pues eso.
Volviendo a la pulsión creadora, a la primera pulsión primigenia, entonces aparecería, de manera desmesurada; LA INVESTIGACIÓN. LA PERCEPCIÓN. Y por supuesto. LA CONTINUA RENOVACIÓN.
Hablamos acerca de los procesos de cambio de mentalidad, es decir, una mayor conciencia del teatro como lenguaje múltiple… la interpretación del teatro como dramaturgias contaminantes.
La recepción teatral, implica siempre una capacidad de comunicación que desafía y destroza los esquemas de análisis previos. De ahí que el significado de cualquier propuesta, está no sólo en la propuesta en sí misma sino también en el que la recibe e interpreta. Esto sin pretender obviar que la propuesta escénica, deba ser también una continua provocación, un desafío o un enfrentamiento con la concepción del público. De todos modos nunca renunciaremos a las pretensiones del YO, a su autenticidad.